Siempre digo lo mismo, la prisa o el cansancio hacen que todo “se vaya al garete”. No hay situaciones que nos estresen más a lo largo del día que cuando tenemos que irnos en la mañana o cuando ya nos estamos visualizando cenados y sentados en el sofá (o directamente en coma en la cama).
Qué podemos hacer para lograr que colaboren en esos momentos en los que NECESITAMOS que hagan lo que les PEDIMOS, vamos allá. 

Todas estas ideas están basadas en técnicas de Disciplina Positiva :
1. Mírate, obsérvate. ¿Estás tranquilo o ya vas notando que la desesperación “te sube desde los tobillos?”. Los estados emocionales se contagian: si nosotros estamos nerviosos o enfadados, nuestro hijo se mostrará igual y… ¡empezará la fiesta! Si no estas bien, paciente, comprensivo, dispuesto a mostrar empatía, RETIRATE. Date unos minutos para relajarte y retoma la situación cuando seas capaz de mostrarte accesible y puedas pensar-actuar en lugar de reaccionar y perder el control de ti mismo.
2. Haz a tu hijo partícipe de la situación, muéstrale tus necesidades y las necesidades de la situación. Explícale que es hora de prepararse para ir al cole y necesitas su ayuda para llegar a tiempo.
3. Valida lo que siente, muestra empatía y comprensión: ¡hacer justo lo que está haciendo es tan divertido o le apetece tanto más que vestirse para ir al cole! ¿no te pasaba a ti de pequeño? ¡díselo!
4. Pregunta más y manda menos. Las preguntas son una gran herramienta a la hora de criar y educar. Para mí, el mejor de los descubrimientos. Muestran respeto por el otro, transmiten que los tenemos en cuenta y poner en marcha su cerebrito. Algunos harán directamente, otros contestarán sonrientes ¡pues saben lo que tienen que hacer!
a. ¿Qué tenemos que hacer para quitarnos ese bigote de leche?
b. ¿Qué puedes hacer para que tus dientes se vean limpios?
c. ¿Podemos salir en pijama a la calle? ¿Qué necesitamos ponernos antes de ir al cole?
d. Veo que tus pies están descalzos… ¿Qué puedes hacer para poder ir corriendo hasta el coche sin pisar el suelo tan frío?
5. Conecta. Busca entenderlo, no es un adulto, para él no es importante llegar a tiempo o acabar el día, lo está aprendiendo. Vuélvete un poco niño, ten en cuenta sus gustos, aquello que le hace gracia, usa el sentido del humor y haz algo inesperado. Quizás hablarle con la voz de su personaje favorito o pedirle que te recuerde aquella canción que le hace tanta gracia mientras le das la mano y os dirigís hacia el baño para lavarse la cara logre que lo consigáis con una gran sonrisa en la cara.
6. Comparte el poder, da opciones y que elija. Dejar que decidan lo que deben hacer entre unas opciones validas y respetuosas para todos hará que la colaboración sea más probable. Cualquiera respondemos mejor cuando nos dan a elegir que cuando nos imponen.
a. ¿Prefieres vestirte en el baño o en tu habitación?
b. ¿Quieres el cepillo de Pocoyó o el verde?
c. ¿Recogemos los juguetes antes de ir al cole o cuando volvamos?
d. Y si después de preguntar dices: ¡tu decides! ¡lo que prefieras! Transmitimos aún más que es capaz y tiene derecho a elegir, desde el respeto hacia él y además respetando las necesidades de la situación.
7. Flexibiliza. Algunas veces somos tan rígidos… ¿Qué quieres? ¿Qué se vista y nos vayamos contentos y satisfechos por ser un buen equipo o que se vista en un lugar determinado, en el orden que tu lo harías, con la ropa que tú preparaste…? Recuerda que ser flexible no es ceder, es tener en cuenta prioridades, no obcecarse y compartir el poder para que todos podamos conseguir un objetivo juntos.
8. Modela. Cada vez que pides algo a tus hijos, asegúrate que tú lo haces. Ellos aprenden más de lo que hacemos que de lo que decimos. Dar ejemplo es una de las maneras más efectivas para conseguir colaboración y aprendizaje de habilidades esenciales para la vida diaria.
9. Hacer juntos una tabla de rutinas. Cualquier día, cuando estéis contentos y conectados, proponle hacerla juntos.
a. Pregúntale que cosas hacemos importantes a lo largo del día
b. Pídele que las ordene o, si aún es pequeño, ayúdale a realizar la secuencia
c. Sugiérele, a través de preguntas, algo que haya olvidado: ¿qué tenemos que hacer después de desayunar para tener unos dientes limpitos?
d. Déjale que la decore a su gusto, si sabe escribir que escriba, si quiere dibujar que dibuje, si decide recortar y pegar, ¡pues que así sea! Es su tabla, no la nuestra.
e. Pregúntale dónde quiere ponerla para poder consultarla siempre que quiera.
f. Y en lugar de ordenar, cada mañana, que vaya a vestirse, pregunta: ¿Qué pusiste en tu tabla que había que hacer después de vestirse? Deja que la tabla mande. A través de ella tu hijo desarrollará autonomía y responsabilidad.
10. Y por último y quizás más importante de todo… Destierra la inmediatez. Todo lo que le pedimos a nuestros hijos son aprendizajes y estos no se instauran de un día para otro. Aprender requiere equivocarse y practicar, practicar y practicar. Es más, cualquier aprendizaje es más probable si el ambiente es positivo y el niño está motivado. ¿Logramos esto a través de la prisa, la insistencia, el mandato continuo?

Este post ha sido elaborado por María José Román autora y tutora de los cursos de Disciplina Positiva  Psicóloga, Especialista en Atención Temprana, Educadora Certificada en Disciplina Positiva para padres y para aula por la Positiva Discipline Asociation y mamá de un niño de 3 años.  utora del curso de Disciplina Positiva

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