¿Crees que hablarías más con tu hijo si te sintieras escuchado, comprendido, tenido en cuenta? ¿qué hay de escuchar? Esto es algo que nos cuesta muchísimo, no sabemos hacerlo de forma plena.

Este material forma parte del curso online  Disciplina Positiva para Adolescentes . 

¿Por qué no te escuchan? ¿Los escuchas tú a ellos?

Habitualmente cuando “hablamos” con nuestro hijo adolescente y nos empieza a contar, nos ponemos en “modo reacción”: nos tomamos todo lo que nos dicen como algo personal, lo cual hace que empecemos a contestar, a aleccionar, a defender, a juzgar y justificar y, por tanto, nuestro hijo deja de comunicarse.

Existen barreras que dificultan que escuchemos:

  •  Intervenir para explicar, aleccionar o rescatar a nuestro hijo en lugar de dejarle hablar, escuchar y que lleguen a la misma conclusión por si mismos
  •  Intentar hacer cambiar su sentimiento y percepción sobre el asunto y guiarlo hacia “lo correcto”
  •  Dar explicaciones únicamente desde tu punto de vista
  •  Interrumpir para dar lecciones sobre valores éticos y morales
  •  Tomarse de manera personal lo que te cuentan y dejar que tus propios asuntos sin resolver interfieran
  •  Usar la información que tus hijos te dan o lo que dicen sobre ti para sermonear, castigar, criticar…

Una de las claves esenciales para escucha es callarse, estar en silencio (si, es complicado, pero se puede) pues nuestro hijo no quiere que le digamos qué hacer o no, qué sentir o dejar de sentir (si así fuera, nos preguntaría…) sólo quiere sentirse escuchado, comprendido, tomado en serio.

Habilidades que nos ayudan a estar en silencio y escuchar para comprender.

Algunas ideas para practicar la escucha activa:

  1.  Cuida tu lenguaje corporal, dice más que las palabras. Debemos escuchar con todo el cuerpo y evitar que los sentimientos lo empañen: si escuchamos enfadados, nuestro hijo lo notará y no querrá comunicarse por miedo a nuestra reacción o a decepcionarnos.
  2. Hay tantas realidades como personas, tu realidad no es la de tu hijo; debemos escuchar teniendo siempre en mente eso, el no eres tú.
  3.  Muestra empatía siempre. Esto es, transmite que entiendes lo que sucede, aunque no lo compartas: “entiendo por qué te sientes así y lo ves de esa forma…”
  4.  Sé curioso de verdad. Pregunta, interésate de manera que puedas entender el punto de vista de tu hijo.

Ahora que “sabemos escuchar”, vamos a revisar si “sabemos hablar y comunicar”.  Veamos qué podemos hacer para mejorar y lograr una comunicación efectiva con nuestro adolescente (en realidad, ¡con todo el mundo!).

Comunícate desde el corazón: desarrolla un vocabulario para hablar de tus sentimientos.

Parece que en el mundo de hoy sentir es un error irreparable: no llores, no te enfades, no sufras… son mensajes que de forma muy habitual transmitimos a niños y adolescentes. Sin embargo, sentir no es malo, todo lo contrario, es maravilloso y nos permite aprender mucho tanto de nosotros mismos como de los demás. Por tanto, en lugar de esconder nuestros sentimientos (y hacernos “los fuertes”) ayudemos a nuestro hijo a identificar lo que siente y cómo expresarlo. Para ello, debemos aprender el vocabulario adecuado y hablar desde el corazón, aprender a comunicar nuestros sentimientos.

Parte de nuestro trabajo como padres será enseñar a nuestro hijo a reconocer y comprender sus sentimientos, a expresarlos de forma adecuada y respetuosa, como información,  no como algo que se preste a debate y discusión y ayudarlos a levantarse por sí mismos cuando una situación les provoque malestar.

Ellos (y nosotros previamente) debemos comprender las realidades separadas: cada persona siente y piensa de distinta manera, tú no eres tu adolescente ni al contrario, por lo que vuestras realidades difícilmente pueden ser las mismas.

También debemos asegurarnos de que nuestro adolescente entiende que sentir no es malo, que cualquier emoción, aunque negativa como el enfado o la rabia, es válida. No hay emociones buenas y malas, hay emociones que causan sentimientos más o menos intensos. Tener sentimientos no es malo, ni inadecuado, no importan cuales sean, pues sentir algo no nos hace mejor o peor persona.

¿Cómo enseñar entonces a mi hijo a comunicar lo que siente? (hemos hablado de ello en este post) Como siempre, el modelo es fundamental. Si tú les comunicas qué y cómo te sientes con total honestidad, es muy probable que ellos hagan lo mismo. Y si escuchas, como hemos dicho, intentando comprender, sin pensar en que decir ni corregir, sin expresar tu opinión ni posición, les darás el valor necesario para compartir sus emociones. Ser honesto y contar como te sientes verdaderamente o cómo te sentiste en una determinada situación en tu adolescencia, es sumamente importante y una de las mejores maneras de motivar la comunicación.

Disciplina Positiva nos propone el uso de lo que llamamos “la fórmula yo siento” para compartir nuestras emociones de una forma honesta, clara, sencilla y que nos permite hablar de nosotros mismos, no de los demás.

La “Formula Yo Siento”.

Necesitamos honestidad emocional y valor para reconocer lo que sentimos y comunicarlo a nuestros hijos, ponernos en contacto con ellos, con su origen y comunicar que queremos hacer con ello. Cuando hablamos de lo que sentimos, “nos liamos”, damos explicaciones, nos alargamos, a veces lo hacemos complejo para los demás… la “fórmula yo siento” nos va a ayudar a hablar de cómo nos sentimos con honestidad y sencillez, sin hacer sentir mal a los demás, y nos permitirá así mismo de hablar de nuestras necesidades.

Fijaos en esta forma de comunicar lo que sentimos:

“yo me siento herida cuando me gritas y quisiera que no lo hicieras”

“yo me siento contenta cuando cumples el acuerdo sobre la hora de llegada porque me haces ver lo responsable que eres y eso me ayuda a estar tranquila”

Yo (me) siento ______ cuando ______ porque ______ y quisiera _______  o bien

Yo (me) siento _______________ porque _________ y me gustaría/quiero/necesito 

Nos ayudará a centrarnos en nuestros sentimientos y posibles soluciones sin aludir al carácter de nuestro hijo, mostrando que las emociones negativas no son malas y dando la oportunidad de dejar abierta la situación para hacer seguimiento.

La Fórmula “Tú sientes”.

Es útil validar y valorar lo que ellos sienten con la fórmula Tú sientes; con ella conseguimos valorar los sentimientos que hay tras sus palabras o reacciones, reflexionar sobre ellos a través de la comprensión:

“Tú te sientes enfadada cuando te digo que hagas la tarea cuando estás viendo tu serie favorita porque crees que no tengo en cuenta tus intereses…”

Cuando validamos lo que ellos sienten abrimos el canal de comunicación, perciben nuestra comprensión e interés por ellos y sus prioridades y necesidades, con lo cual la probabilidad de enfocarnos juntos en una solución es muy alta.

Este post ha sido elaborado por María José Román autora y tutora del curso Disciplina Positiva para Adolescentes . 

guiadp



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