Cuando aprovechamos el error para aprender, cuando nos enfocamos en soluciones, cuando negociamos y llegamos a acuerdos con nuestros hijos, debemos asumir que no siempre los cumplirán a la primera. Podríamos optar por regañar, por asumir que olvidaron y hacerlo por ellos “sólo esta vez”, pero tanto el control como la permisividad o el rescate no harán que nuestro hijo cumpla con lo pactado. Vamos pues a hablar de una estrategia alternativa, que requiere entrenamiento por ambas partes, pero que es efectiva y respetuosa tanto con ellos como con nosotros y las necesidades de la situación. Es lo que se llama Seguimiento.

Este material forma parte del curso online Disciplina Positiva para adolescentes. 

¿Qué es Seguimiento? 

El seguimiento es una manera de ayudar a los adolescentes a aprender habilidades de vida que les permitan sentirse satisfechos consigo mismos mientras aprenden a ser miembros colaboradores de la sociedad.

Es una estrategia que consta de 4 pasos y que enseña cooperación, responsabilidad y  habilidades de vida a pesar de su resistencia (no olvidemos, muy presente en eta etapa).

Dar seguimiento te involucra a ti, tú decides qué hacer con tu conducta sin obligar a nadie más. De ahí la importancia de que, si te comprometes a hacerlo, seas coherente y constante. Si tú das seguimiento, tu hijo lo dará también, aunque rara vez sin tu participación. Veamos los cuatro pasos para hacerlo de la manera más adecuada y efectiva:

  1. Hable, converse con su hijo de forma amistosa sobre lo que ha sucedido o está sucediendo en relación al problema. Escuche sin juzgar.
  2.  Idear soluciones juntos, opciones en las que estéis de acuerdo y elegir la que os parezca más adecuada, “hacer un trato”. Esto muchas veces requerirá que negociéis, pues debemos recordar que nuestras percepciones y prioridades son diferentes a las de los adolescentes y todas merecen ser escuchadas y valoradas. Seguro que podéis llegar a un acuerdo si os escucháis sin juzgar ni imponer el uno al otro, atendiendo a las necesidades de ambos.
  3.  Acordar una fecha límite de tiempo.
  4.  En esta fecha, lleva a cabo en acuerdo haciendo responsable a tu hijo con dignidad y respeto

Un ejemplo de seguimiento.

En casa de Laura, con dos hijos y uno de ellos ya adolescente, se acordó de manera conjunta en una reunión familiar que Luís, de 13 años, haría la cama cada día. Desde el momento del acuerdo, Laura, esperando que lo llevara a cabo, había decidido no regañarle ni hacerlo por él. Se limitó a esperar y la cama de Luis llevaba sin hacerse una semana.

Lo primero que hizo, fue hablar con su hijo de forma amigable sobre lo que estaba sucediendo:

“Luís cariño, me gustaría hablar sobre el tema de hacer la cama, nos sentaremos un ratito a charlar tras la merienda”

Cuando llegó el momento, Laura le pregunto a Luis que cuál era el problema con la cama. Entonces, escucho lo que su hijo tenía que decirle y descubrió que Luís no se sentía seguro al hacerla: se le enredaban las sábanas, se caía la colcha, quedaban arrugas y un lado más largo que el otro… No sabía cómo hacerlo y aunque lo había intentado como el resultado no había sido el mismo que cuando se la hacía ella, abandonó. Además, confirmó lo que ella ya sabía, que la tarea carecía de importancia para Luis y que no le interesaba mucho que su cama estuviera hecha (normal para cualquier adolescente, ¿no?).

Laura comentó la preocupación de Luis sobre que la cama quedase mejor o peor (el objetivo no es como quede, sino que lo intentes) y le explicó que dormir sobre sábanas sucias no era muy higiénico y que, además, sobre una cama hecha, se duerme mejor, por no decir que para terminar de arreglar su habitación (cosa que Luis hace sin problema, pues le gusta el orden) hacer la cama es importante.

Luis dijo que estaba dispuesto a hacer la cama cada día pero que necesitaba su ayuda, a lo que Laura le contesto:

“Podría estar cada mañana en tu habitación después del desayuno para ayudarte a hacer la cama, a las 8.30. Piensa si esa hora está bien y en media hora me dices”.

Laura le dio un beso y salió de la habitación. A la media hora volvió y le preguntó a Luis si ya había pensado que día podría ser mejor.

“Sí. Prefiero que sea antes de irme al insti porque así ya no lo tendré que hacer en todo el día…”.

“Genial”, dijo Laura. “Nos vemos entonces mañana a las 8.30 en tu cuarto para hacer tu cama”. 

Pero al día siguiente, cuando Laura fue a la habitación de Luís, él no estaba. Laura lo encontró vestido y preparado para irse al instituto, sentado en el salón y viendo su revista de videojuegos. Le dijo:

“¿Recuerdas tu decisión sobre el momento para que te enseñe a  hacer la cama?

“Jo, mamá”, dijo Luis. “Es que no me apetece nada. Mejor luegooooo…”

“Tú lo decidiste y te comprometiste”, dijo la mamá.

“Lo haré luego cuando vuelva”, dijo Luis.

Laura podría haberle insistido, sermoneado, regañado… pero no hizo nada de eso. Simplemente se quedo parada, mirando a su hijo, de una forma cordial, pero expectante, sin apartar la vista de él.

“Joooo, ¡mamá!, ¡esto es ridículo!, está bien, vamos…”

Luis fue a su cuarto y, con la supervisión de su madre, hizo la cama, pidiendo ayuda cuando la necesitaba.

“Gracias por cumplir con tu acuerdo”, dijo Laura. Y le hizo una carantoña.

Cada día, a las 8,30, Laura estaba en la habitación de Luis. Los días en los que Luis no aparecía (casi todos al principio) Laura hacía lo mismo, iba al salón y de forma cordial le preguntaba: ¿Recuerdas tu decisión sobre hacer la cama? Laura simplemente daba seguimiento al acuerdo y el compromiso sin regañinas, hacer sentir mal y mucho menos hacer la cama por su hijo.

Laura, además, aprendió algo importante: no debía esperar que su hijo de 13 años hiciera la cama sin que ella se lo recordase pues, a esta edad, los chicos están más pendientes de los videojuegos y los deportes que de la importancia de hacer su cama cada día. Decidió que este seguimiento merecía la pena siempre y cuando no acabara en lucha de poderes y discusión, como pasaba antes de hacerlo así. Además, se sorprendió gratamente cuando, pasadas tres semanas de llevar a cabo esta rutina, empezó a encontrar la cama hecha a las 8.30 cuando iba a la cita que tenía con Luis en su cuarto.

Para dar seguimiento de forma adecuada y eficiente:

  1. Intenta que tus comentarios sean breves, concisos y amigables: veo que no has hecho la cama, ¿podrías hacerlo cuando acordamos, por favor?
  2.  En respuesta a las quejas u objeciones, pregunta: ¿cuál era nuestro acuerdo?
  3. Si sigue protestando, deja de hablar, usa el lenguaje no verbal: señala el reloj, sonríe, da un abrazo y vuelve  a señalar el reloj…
  4.  Cuando tu hijo haga lo que acordó, aunque lo haga enfadado, AGRADÉCESELO.

Este material ha sido elaborado por María José Román tutora del curso Disciplina Positiva para adolescentes 

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