Imaginemos que la vida es un coche. A lo largo de la infancia, hemos sido los pilotos y nuestros hijos han ido con nosotros. Los hemos guiado, llevado, en cierta manera decidiendo por ellos. Si hemos practicado desde pequeños la Disciplina Positiva, es probable que los hayamos sentado en el asiento del copiloto: les hemos preguntado, implicado en el viaje, hemos escuchado sus opiniones sobre por dónde vamos a llegar mejor y juntos hemos decidido el camino.

Durante la adolescencia, nos gustaría seguir siendo los conductores de este coche de la vida, sin embargo, nuestro hijo no está por la labor (de hecho comprender que esto no será nada beneficioso para él será el primer paso para una educación respetuosa). Si por él fuera, nos echaría del coche, se montaría en el asiento del conductor y “saldría pitando”.

¿Cuál es entonces nuestro lugar, nuestra tarea en esta etapa? Bajarnos tranquilos del asiento del piloto y pasarnos al del acompañante, dejar que nuestro adolescente guíe su propio coche, pero sin abandonarlo, asegurándole que estamos ahí para apoyarlo y orientarlo cuando sea necesario.

Este material forma parte del curso online Disciplina positiva para adolescentes . 

¿Cómo podemos cambiar la relación con nuestros hijos?

  1.  Métete en su mundo, ponte en sus zapatos, empatiza con él.
  2.  Escucha y sé curioso: di menos y pregunta más, sin juicios ni expectativas, con autentico interés.
  3. Olvídate de los que piensen y digan los demás, de la presión social, haz lo que sea mejor para tu hijo.
  4. Sustituye la humillación, el hacer sentir mal, por el respeto.
  5. Involúcrate de forma respetuosa, sin imposiciones ni control, trátalo como un igual, desde la horizontalidad.

Cuando un adolescente (realmente cualquier persona) se siente escuchada, comprendida, no juzgada, respetada, tenida en cuenta… la probabilidad de que escuche lo que tenemos que decir aumenta considerablemente. Si queremos comunicarnos con nuestros hijos, es esencial meternos en su piel, preguntar, escuchar sin juzgar ni opinar.

Cuando hablamos de preguntar, nos debemos asegurar de que nuestra actitud es la adecuada. Preguntar desde el enfado, el rencor o llevando la respuesta ya en mente, no servirá para nada. Debemos hacer las preguntas con la intención de querer saber y conocer la percepción de nuestro adolescente. La intención no es aleccionar, juzgar o mostrarle lo que ha de hacer o haríamos nosotros, sino el auténtico interés por comprenderlo y conocerlo.

Aspectos importantes:

  • Reemplazar la humillación, el hacer sentir mal, por el respeto. Respeto mutuo significa interés en tu punto de vista y en el suyo, en la percepción e interpretación de ambos, sin juzgar, sin aleccionar, sin imponer. Apostar por sus capacidades, dejar que se equivoque, que tome responsabilidad sobre el error (que no es sentirse culpable, sino comprometerse a buscar una solución) y hacerle saber que estás ahí y escucharle sin juicios ni reproches y dispuesto a ayudar.
  • Hacer llegar el mensaje de amor. Asegurarte de que entiende que respetas su opinión, aunque no la compartas; que lo quieres por lo que es y no por lo que hace. De esta manera se sienten queridos de forma incondicional y no por lo que consigan o dejen de conseguir. Comunica como te sientes cuando ocurra cualquier cosa pues, aunque parece que a los adolescentes les da igual como se sienta el adulto, sobre todo en situaciones en las que hay un claro desacuerdo, cuando nos ven dispuestos a escucharles el canal de comunicación se abre.
  • Involúcrate de manera respetuosa. Interésate, muestra autentica curiosidad, pregunta, ayuda a tu hijo a explorar las consecuencias de lo sucedido a través de preguntas y no con juicios u opiniones, invítalo, anímalo, a buscar una solución. Habla de lo que necesitas y llegar juntos a un acuerdo válido y respetuoso para ambos. Ponerlo en práctica y observar si la decisión que habéis acordado funciona.
  • No te pongas de su lado ni del tuyo, sino del de ambos. Considera tanto tus necesidades como las de tu adolescente, sólo así podréis llegar a acuerdos válidos y respetuosos para ambos y podremos hablar de ese respeto mutuo al que nos hemos referido antes. Escucha de forma activa, sin interrumpir, sin opinar y comunica lo que necesitas. Esta es la base para sentar una comunicación efectiva y que permita saber uno del otro y tomar decisiones acertadas.

Este post ha sido realizado por María José Román tutora del curso Disciplina positiva para adolescentes 

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