Ahora hablaremos de los estilos educativos ó de crianza habituales, sus características y consecuencias a largo plazo. No consiste en etiquetarnos, pero sí en saber cómo es nuestra manera de interactuar y educar a nuestros hijos y hacernos conscientes de lo que implica.

Este material forma parte del curso online Disciplina Positiva para adolescentes. 

1. Estilo autoritario.

Los padres con este estilo necesitan tener el control y “lo logramos” (o al menos lo intentamos) a través de castigos, sermones, recompensas, chantajes, promesas… Esto nos hace sentir que “logramos nuestro trabajo”, sin embargo los resultados son bien distintos a esta creencia. Con esta forma de educar e interactuar con ellos, nuestros hijos aprenden (pues ese es el mensaje que les enviamos) que:

  • El poder da derechos. El adulto tiene unos “privilegios” que implican dar, quitar, decidir, imponer, MANDAR.
  •  Han de ceder, OBEDECER, para que se les quiera. Se sienten queridos de forma condicional: si me porto “bien” me quieren, si me porto “mal” (esto es, no hago lo que me dicen) no me querrán.
  •  Es necesario un premio, una recompensa, para colaborar. Es decir, actuarán en función de lo que obtengan a continuación, pero… ¿y si lo que se da no gusta? ¿y si nos es suficiente? ¿colaborarán?
  •  Manipular es el medio para conseguir lo que quieren o mayores recompensas (es el modelo que le estamos dando).
  •  Tienen dos opciones, rebelarse o ceder, mostrar sumisión. Esto dependerá del temperamento del adolescente, de sus creencias, de sus necesidades.

Resultados a largo plazo del control y el castigo.

1. Distanciamiento. Tras ese control que se ha ejercido durante la niñez y la adolescencia, lleno de juicios, aleccionamientos e imposiciones, hemos fomentado una serie de creencias y sentimientos que han llevado a decidir a nuestros hijos que alejarse es la mejor opción para no sentirse juzgados, anulados, acorralados tal y como se sintieron en épocas anteriores.

2. Dependencia Emocional. En el extremo opuesto, podemos encontrar adultos que hayan desarrollado una dependencia emocional permanente. Personas que harán lo que creen que sus padres querrían que hicieran con tal de no defraudarlos. Adictos a la aprobación, complacientes insanos e inseguros, les será difícil moverse en el mundo adulto de forma efectiva y satisfactoria.

3. Inmadurez. Incapacidad o dificultad para tomar decisiones es otra de las consecuencias de este estilo. Siempre se ha decidido por ellos, de manera que desarrollar estas habilidades ha sido complicado; miedo al fracaso, inseguridad, dudas, necesidad de que decidan por ellos, dificultan también que estas personas se conviertan en miembros felices y cooperativos de la sociedad.

2. Estilo permisivo, rescatador o sobreprotector.

Muchos adultos nos resistimos a abandonar el estilo autoritario porque creemos que la permisividad es la única opción que nos quedaría, cuando no es así. Ser permisivo implica rescatar, sobreproteger, solucionar por ellos, ceder a todo, respetar únicamente al niño olvidándonos de los otros dos vértices del triángulo del respeto: las necesidades del adulto y de la situación. Ya lo dijo Alfred Adler cuando hablaba de respeto a la infancia: “cuidado con confundirlo con permisividad, pues es igual o más nefasto para el niño que el autoritarismo”.

Consecuencias de educar con este estilo se puede observar que los niños aprenden (pues han formado una serie de creencias erróneas) cosas como que:

  •  Merecen servicio o trato especial por parte de los demás
  •  El amor significa únicamente que cuiden de ellos
  •  Son más importantes las cosas que las personas
  •  No soportan sentirse molestos o decepcionados, pues no han aprendido a gestionar de forma adecuada estas emociones tan absolutamente válidas para la vida diaria y futura
  • No son capaces, pues se les ha impedido equivocarse, enfrentar retos que resultaban complicados o les harían sentir mal, impidiendo el desarrollo de sus habilidades y de ese sentimiento de capacidad

Los padres con este estilo, creen que deben proteger al niño del malestar y le roban la oportunidad de aprender que pueden sobrevivir al dolor y la decepción y, además, aprender de ambos.

3. Estilo negligente.

Padres que desisten de educar.  Se desentienden. Con esta forma de interactuar o no-educar a los hijos, éstos aprenden que:

  •  No importan y deben resultar antipáticos
  •  La única alternativa que tienen es rendirse o buscar pertenencia de cualquier forma, adecuada o no.
  •  Es culpa suya que sus padres no los quieran, por lo que buscarán ser de cierta manera para conseguir su amor

Estos aprendizajes hará que los adolescentes tomen diferentes caminos, ninguno sano, para llegar a la edad adulta sintiendo que pertenecen a algo.

“No importa que tan frecuentemente los adolescentes digan que se les deje en paz, en realidad desean y necesitan de cierta orientación y todavía necesitan un copiloto a su lado. Aún cuando actúen como si quisieran aventarlo del avión, se sienten abandonados si usted se va” (extracto del libro de DP para adolescentes, Nelsen y Lott).

4. Estilo de educación amable y firme (Disciplina Positiva)

Es el equilibrio entre firmeza (respeto al adulto y a la situación) y amabilidad (respeto al adolescente) y no los saltos de uno a otro lo que permitirá que nuestro hijo desarrolle los siguientes aprendizajes:

  •  La libertad viene con la responsabilidad
  •  Respeto mutuo
  •  Puedo aprender habilidades de vida como la resolución de problemas, la comunicación y el respeto por los demás
  •  Los errores son una maravillosa oportunidad para aprender
  •  Soy parte de la familia, un miembro necesario, no el centro de la misma
  •  Mis padres me hacen responsable de mis decisiones y de explorar las consecuencias de las mismas sin necesidad de hacerme sentir culpa, vergüenza o dolor.

Este estilo de crianza y educación no hace hincapié en los logros, sino en el proceso y el esfuerzo, no quiere inmediatez ni corto plazo, sino que mira al futuro, a las metas a largo plazo. Para actuar con este esquema en nuestra cabeza, debemos hacer un cambio importante: dejar de penalizar y hacer sentir mal (en primer lugar a nosotros mismos) por las equivocaciones y tomar el error como la oportunidad de aprender algo nuevo. Esto es mirar hacia el futuro, fomentar el desarrollo de habilidades que podamos poner en práctica en situaciones similares en cualquier momento de nuestra vida. Este es un paso esencial e importante si queremos cambiar de estilo, lo cual (estaréis de acuerdo conmigo) a priori parece complicado. Supone salir de nuestra zona de confort, de aquello de controlamos y dominamos, para volver a aprender y ¿a quién no le resulta incómodo y difícil esto?

Este post ha sido elaborado por María José Román autora y tutora del curso online Disciplina Positiva para adolescentes. 

guiadp



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