Hay una relación directa entre lo que siente el niño y cómo se comporta. Cuando un niño se siente bien, se comporta bien.

¿Cómo ayudarle a sentirse bien?

¡Aceptando sus sentimientos! el problema radica en que muchas veces los adultos, no aceptan los sentimientos de los niños; dicen, por ejemplo: “Sólo dices eso porque estás cansado”. “No hay razón para disgustarse tanto”. La negación rotunda de sus sentimientos puede confundir y enfurecer al niño. También le enseña a no saber qué siente y a no fiarse de sí mismo.

Este material forma parte del curso Disciplina Positiva

 

Algunos ejemplos de lo que hacemos ante los sentimientos de los niños:

1. Negamos los sentimientos: “Es una bobada sentirse así, venga sonríe.”

2. Tenemos actitud filosófica: “Mira, la vida es así.”

3. Damos consejo: “¿Sabes lo qué deberías hacer? Mañana por la tarde vas y le dices…”

4. Preguntamos: “¿Por qué no lo has seguido y le has dicho algo?”.

5. Y muchas otras opciones.

Cuando estamos dolidos o irritados lo último que deseamos escuchar son advertencias, consejos, filosofía, psicología “barata” o la opinión de otra persona. Pero si alguien escucha verdaderamente, si se conciencia de verdad del dolor interior y da la oportunidad de hablar más a fondo de lo que produce tristeza, por ejemplo, acto seguido uno puede comenzar a sentirse mejor, menos crispado, menos confundido, mucho más capaz de hacer frente a los sentimientos y a los problemas.

¿Cómo podemos hacer para activar nuestra capacidad de escucha activa?

– A los niños suele irritarles que se repitan sus palabras exactas. Ejemplo: Hijo: David ya no me cae bien. Padre: David no te cae bien. Hijo: (enfadado) Es lo que acabo de decirte.

– Hay niños a quienes no les apetece nada hablar cuando están contrariados. Para ellos, sólo la presencia de sus padres ya es suficiente consuelo. A veces los menores no explicarán perfectamente qué es lo que les sucede. Con un fuerte abrazo, con dejar que lloren sin preguntar, ellos se sienten muchas veces muy aliviados. Los adultos hemos de tener mucha paciencia y respetar ese silencio. Cuando más respetado se sienta un niño, más seguro se sentirá para hablar cuando él lo necesite. A veces las necesidades de los pequeños y las nuestras no coinciden en el tiempo.

– Algunos niños se sulfuran cuando expresan una emoción intensa y la respuesta de los padres es “correcta”, pero fría. Este es un matiz pequeño e importante que muchas veces los adultos no tenemos suficientemente en cuenta. Hemos olvidado nuestro corazón de niño en algún rincón y no valoramos suficiente aquello por lo que un peque puede sentirse muy dolido o enojado.

– También es perjudicial que los padres respondan con más pasión de la que siente el hijo. A veces los adultos nos enfadamos más por cosas que suceden entre niños que los propios niños y utilizamos un lenguaje desproporcionado del cual el menor, a veces, es testigo.

 – A los niños no les gusta que sus padres repitan las críticas que hacen de sí mismos. Cuando un niño se dice así mismo soy tonto o feo… no le hará ningún bien respondiendo “No eres feo” o “No eres tonto”. No colaboremos con él si se insulta a sí mismo. Podemos aceptar su pena sin repetir el adjetivo.

Este material forma parte del curso Comunicación Positiva

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