Durante mucho tiempo se ha pensado que el elogio y la alabanza son necesarios para que los niños tengan un buen autoconcepto, que necesitan que les digamos lo bien que hacen algo o premiemos sus conductas para que aprendan que eso que han hecho es lo correcto. La realidad es que pueden volverse complacientes y adictos a la aprobación de los demás y aprender a hacer las cosas por tener contentos a los adultos.  Debemos por tanto cuestionar los efectos a largo plazo del refuerzo positivo en todas sus variantes.

 La autoestima sólo se desarrolla con el sentimiento de capacidad y autoconfianza resultante de enfrentarse a retos y frustraciones, a la resolución de problemas y las oportunidades de experimentar y de aprender de los errores.

Este material está basado en las técnicas de Disciplina Positiva. 

¿Qué debemos hacer como padres/educadores? 

Estimular más que elogiar y ¿cómo podemos hacerlo? El buen uso del estímulo requiere actitudes de respeto, interés por el punto de vista del niño y deseo de proporcionar oportunidades para que los niños desarrollen habilidades que los llevarán a confiar en sí mismos y ser independientes. Animar al niño a que ponga en práctica sus habilidades es fundamental para que vaya superando retos (o gestionando frustraciones) de manera que, en este proceso, vaya construyendo la autoestima y su percepción de sí mismo.

Veamos un ejemplo entre elogiar y alentar.

  • Elogio ” Estoy tan orgulloso de ti. Ten tu premio”.
  • Aliento ” Trabajaste duro y superaste la prueba. Debes sentirte muy orgulloso”.
  • Elogio ” Qué buena eres”
  • Aliento ” Muchísimas gracias por tu ayuda”

¿Y las ” críticas constructivas” ? y cuándo hay que mejorar ¿cómo alentamos?

Hay diferentes maneras de hablar sobre lo que se ha de mejorar; pongamos el ejemplo de las notas de final de trimestre.¿Quién no ha sufrido o hecho (con toda su buena intención) una “Crítica Constructiva”? Pues bien, es un gran error criticar aquello que se hace mal para ayudar, no es necesario (es más es contraproducente) hacer sentir mal al niño para que aprenda como ya hemos visto.“¿En qué áreas piensas que vas bien? ¿En cuáles crees que necesitas mejorar? Una vez hemos escuchado sus respuestas, podemos concretar ideas juntos.

Este procedimiento enseña AUTOEVALUACIÓN sin necesidad de culpa ni humillación.Para estimular la habilidad de evaluarse a uno mismo jamás debemos enfocarnos en el error, sino en lo que el niño ha hecho bien y, una vez apreciado eso, pedir que sea el niño el que evalúe su error.

Por ejemplo, María está aprendiendo a hacer el número 5. Estando en casa ha decidido practicar en su pizarra. Cuando lo ha hecho unas 10 veces, llama a su papá muy orgullosa. El acude a la llamada y mira la pizarra sorprendido mientras le dice:

“Veo que has estado practicando tu número 5, ¿cuáles de esos 5 crees que están mejor?”

María señala tres que están correctamente hechos.

A continuación papá le dice:

“¿Y cuáles crees que no están tan bien?”

María entonces señala dos que le han salido al revés e, inmediatamente, los borra y los hace ya en la posición correcta (sin que papá diga nada sobre corregir lo que está incorrecto).

Papá entonces sonríe y le dice:

“¿Y ahora? ¿Cuáles crees que están mejor hechos?”

A lo que María responde feliz, ¡Todos!

Cuando a un niño se le señala algo que ha hecho bien, quiere repetirlo o incluso mejorarlo. Como decía Dreikurs “Debemos construir sobre las fortalezas y no sobre las debilidades”.

Más técnicas en el curso online de Disciplina Positiva. 

guiadp



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