La felicidad forma parte de la denominada educación emocional, más allá de ser un sentimiento, un concepto abstracto y posiblemente difícil de definir… es un parámetro de nuestra salud emocional, del correcto equilibrio entre las emociones positivas y negativas.
La educación de la felicidad o la pedagogía de la felicidad es un reto alcanzable, que debería guiar cualquier iniciativa durante nuestra vida. Por tanto, es recomendable educar para la felicidad en la infancia y en la adolescencia, etapas clave en el desarrollo de la personalidad. Deberíamos pues, entender que es esencial educar para el equilibrio de las emociones, como aspecto imprescindible en el día a día de niños y de adultos.
Sabemos que hay tres parámetros que juegan un papel importante en relación al equilibrio emocional :
- Capacidad de resiliencia (hemos hablado en este post de manera extensa)
- El concepto de gratitud (ser agradecidos y hacer el bien).
- Autoestima y la capacidad para generarse un buen autoconcepto (hemos hablado en este post)
¿ Qué estrategias podemos enseñar para que la felicidad pueda llegar a formar parte de su día a día?
1. Aprender de los errores o de los fracasos, perdonarlos y si es adecuarlo incluso celebrarlos. No podemos eximirnos de sentir emociones negativas, forman parte de la vida y son tan naturales e incluso espontáneas como podría ser la felicidad. Saber aceptar y afrontar las emociones negativas vinculadas a los errores, supone una excepcional actividad de aprendizaje, ya que nos aportará el valor de conocer qué es aquello que deberemos mejorar o corregir para evitar repetir dichas situaciones en un futuro. (hablamos del fracaso en este post)
2. Valorar las cosas buenas, el éxito o la suerte… aunque tengan pequeño formato. Trabajar dichas circunstancias nos hará ver en el día a día de la fortuna que tenemos, de los progresos alcanzados y compartirlos con todos los seres que queremos. Agradecer y reconocer los pequeños éxitos refuerza la autoestima de la persona.
3. Hacer deporte. Está demostrado que la práctica del deporte permite la liberación de endorfinas, que producen sensación placentera… por tanto de felicidad, de liberación, de conexión con el entorno. Si además esa práctica del deporte es en grupo o en familia, seguro que aún repercutirá mucho más en la percepción positiva por parte del niño o del adolescente.
4. Aprender a relativizar. Este principio vital lo deberíamos aprender a aplicar en diferentes ámbitos: en la vida personal, escolar, de ocio y también en el caso de los adultos en el ámbito laboral. Muchas veces nos ofuscamos ante situaciones que no son importantes, no disfrutando o valorando las cosas que lo son. Enseñar a “poner en la balanza” lo importante de lo que no lo es, en el caso de los niños es tarea de las familias y de los educadores.
Padres y educadores, no olvidéis que el que ayuda a otros a ser más felices, también se ayuda a si mismo.
Además os compartimos un listado de cuentos para entender qué es la felicidad y cómo fomentarla.
1. La Felicidad Tiene sabor a miel. Giles Andreae
Un cuento maravilloso, osito descubre que las sencillas cosas de la vida compartidas con los demás pueden traernos la felicidad.
2. Toribio y el sombrero magico. Annegert Fuchshubert
Toribio pide siempre cosas pequeñas a un sombrero mágico que concede deseos. Cada día de la semana hay alguna persona, de las que se relacionan con él, que le llama tonto y le dice que pida monedas de oro, joyas, un coche nuevo, una casa con piscina… «Eso puedo hacerlo cuando quiera», responde Toribio…
3. Vamos a buscar un tesoro. Janosch
Un cuento sobre el alcance de la ambición y el verdadero sentido de la amistad. El pequeño oso y el pequeño tigre buscan un tesoro que creen que les proporcionará la mayor felicidad del mundo. Un día encuentran un árbol que da manzanas de oro y la avaricia hará tambalear su relación, hasta que descubren que el mayor tesoro que pueden hallar sobre la tierra ya lo tienen y es la amistad que los une.
Este material forma parte del curso Educación Emocional a través de los cuentos


