Hoy hablamos sobre neurofisiología del lenguaje, es decir, entender los mecanismos que permiten la adquisición del lenguaje desde el punto de vista neurológico y también veremos algunos descubrimientos recientes en materia de neurociencia.

Este material forma parte del curso online Desarrollo del Lenguaje a través de los cuentos. 

1. ¿Cómo funcionan las redes neurológicas del lenguaje?

Hay dos áreas principales principales involucradas en la adquisición y producción del lenguaje:

1. Área de Broca

Esta zona cerebral le debe su nombre a Paul Broca, quien la describió en 1864. Su función es permitir la ejecución de los patrones motores para la expresión de cada palabra, articulando el lenguaje hablado y escrito. Por lo tanto, esta área nos provee de los circuitos nerviosos necesarios para la formación de las palabras. Asimismo, participa en la producción del habla. Las personas que sufren de lesiones en esta área (llamada afasia de Broca) tienen dificultades en la expresión del lenguaje.

2. Área de Wernicke

El área de Broca se conecta con el área de Wernicke (la otra región considerada hasta el momento crucial para el lenguaje en los humanos) mediante un haz de fibras nerviosas, el arcuato. Se encuentra ubicada delante de la porción inferior de la corteza motora primaria izquierda, en la cercanía de la fisura lateral. Está constituida por la porción opercular y triangular del giro frontal inferior. También se conecta con el área motora suplementaria, relacionada con la iniciación del habla.

Según una nueva investigación realizada por Ned T. Sahin y colaboradores, en Universidad de California, en San Diego, publicada en la revista Science, el área de Broca es capaz de computar las dos tareas fundamentales relacionadas con el lenguaje: la elección de la forma gramatical correcta y la organización de los sonidos para expresarla.

Los bebés, genios lingüísticos

En los humanos, a diferencia de otras especies, existe una predisposición genética para el lenguaje que permite a los niños hablar de forma espontánea. Las neuroimágenes revelan que, en los primeros meses de vida, cuando el bebé oye frases en su lengua materna, activa las mismas regiones cerebrales que el adulto (Dehaene, 2015). No obstante, para que el lenguaje se desarrolle de forma adecuada, la experiencia social es imprescindible.

Utilizando el paradigma de habituación y deshabituación (midiendo la preferencia de su mirada, por ejemplo), se ha comprobado que los bebés son capaces de reconocer distinciones fonológicas de cualquier lengua. Su cerebro utiliza un aprendizaje estadístico muy sensible a la frecuencia de aparición de los fonemas que les hace poder diferenciar, a las pocas semanas de nacer, lenguas con propiedades rítmicas muy diferentes, como el japonés y el holandés. Y en torno a los 4-5 meses de edad, sean monolingües o bilingües, ya pueden diferenciar lenguas similares como el español y el italiano, por ejemplo (Costa y Sebastián-Gallés, 2014).

Juego y desarrollo del lenguaje

Un ejemplo de juego son los sonidos, ruidos y balbuceos espontáneos que emiten los niños durante los primeros meses. En bebés de dos meses podemos observar que juegan con su lengua y reproducen sonidos inespecíficos. Sobre los cinco meses el bebé descubre que el sonido es un instrumento de feed-back a través de las respuestas que obtiene de los adultos y sus balbuceos se van haciendo cada vez más organizados, cada día le gusta más jugar con los sonidos y, alrededor de los ocho meses, empieza a ser consciente de que los emite él y juega a acompañarlos de gestos (Ferré y Ferré, 2008).

Diferentes estudios han analizado la relación entre el lenguaje hablado y los movimientos de los brazos y las manos, apoyando la hipótesis de que las acciones y los juegos manuales pueden estar relacionados con las vocalizaciones a partir de la etapa de balbuceo. 

Utilizando neuroimágenes funcionales, se ha comprobado que el sistema de control tanto de la voz como de los gestos se encuentra en el área de Broca (Gentilucci y Dalla Volta, 2008). Quizás estos resultados podrían apoyar la efectividad de los juegos de rimas y movimiento propuestos por el pensador austríaco Rudolf Steiner para el desarrollo del lenguaje.

En niños algo más mayores observamos que el juego simbólico también aporta beneficios al desarrollo lingüístico. En investigaciones estándar sobre el papel del juego en la comprensión del lenguaje, un grupo de niños escucha una historia y luego reproduce las escenas mientras que los integrantes del grupo de control se involucran solo en la discusión de la historia o en actividades no relacionadas. La conclusión de estos estudios es que la historia es más comprensible y fácil de recordar para los niños que escenifican la historia que para los que no porque mejoran su capacidad para verbalizarla (Hughes, 2010).

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

CERRAR