Las palabras o el vocabulario que utilizamos para describir una situación, hablar sobre nosotros, exponer experiencias, etc… dicen mucho de nosotros y de nuestra manera de pensar.

La mayoría de las personas no somos conscientes de las palabras que utilizamos ni de las metáforas con que describimos nuestra vida o nuestros problemas. Las palabras tienen poder, poder de crear y de destruir.

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Podemos comunicarnos con palabras positivas que nos faciliten un bienestar emocional o con palabras negativas que nos hagan entrar en un círculo de desesperanza. Frases como “estoy harta de este trabajo que nadie valora”, “no vale la pena esforzarse porque no hay remedio”, etc… crean un tipo de reacciones neurológicas y físicas que nos restan energía y que nos hacen entrar en una espiral de desmotivación y alienación. Las palabras que utilizamos con frecuencia dan forma a nuestro futuro, ya que son el hilo que unen nuestras experiencias.

Hemos reflexionado poco sobre el impacto que tienen nuestras palabras sobre los niños, muchas veces les enviamos intencionadamente mensajes negativos que no facilitan nada, ni su desarrollo personal ni la adquisición de nuevos aprendizajes. Cuántas veces hemos dicho o escuchado palabras o frases como “no sabrás hacer esta actividad, es demasiado complicada para ti”, “lo has hecho muy mal”, etc… Son frases que solo aportan a los críos una sensación de fracaso, desidia o impotencia. Sería mejor utilizar frases como “qué ejercicio sabrás hacer mejor de este tema”, “piensa cómo puedes mejorar lo que has hecho ¿quieres que te ayude?”, etc…No se trata de que dejemos de usar determinadas palabras, sino de que aprendamos a seleccionar aquellas palabras que nos refuercen positivamente, que nos aporten motivación e interés para crecer personal y profesionalmente.

No hemos de olvidar que el lenguaje dirige nuestros pensamientos a caminos concretos, de alguna manera, nos ayuda a crear nuestra propia realidad, potenciando o limitando nuestras posibilidades. La habilidad de usar el lenguaje con precisión es esencial para una buena comunicación.

Ahora no penséis en el color rojo. Habéis pensado, ¿no?. Para seguir fielmente una orden negativa, primero tenéis que pensarla y después anular el pensamiento. Para ser entendida, una frase que contiene un “NO” lleva a la mente la frase en positivo y después la elimina. El “NO” existe en el lenguaje, pero no en la experiencia. Por ejemplo, el profesor dice al alumno “Está prohibido tirar papeles al suelo” provoca que el alumno imagine un papel en el suelo y que después destruya esa imagen; por tanto, sería mucho más interesante dar la orden “Tirad los papeles a la papelera”. Es mejor decir lo que  quieremos en vez de decir la negación, en otras palabras hablar en positivo.

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COMUNICACIÓN POSITIVACurso Online

En este curso te haremos reflexionar sobre el tipo de lenguaje que usas y te daremos muchas herramientas para que puedas generar una comunicación más efectiva y positiva. 

Inicio: 21 Octubre

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